Un mes mediterráneo

Tengo la impresión que de tanto mirar al pasado me pierdo el presente. No puedo escapar del siglo veinte y la realidad de todos los días se me escapa como algo cambiante e inasible. Fue un verano de vientos curiosos , el Teul tuvo problemillas de la edad, como yo, a él le dolía el molinete de anclas, el generador eléctrico y la Génova, a mi la espalda y la flexibilidad. Pudimos con todo ello, aspirinas para mi, mecánicos y veleros para él. Navegamos bien, Auxi y yo y después se sumó Miguel, que se puso a los detalles, esos que a mi se me escapan siempre. Tres escenas para rescatar:
Noche cerrada, sin luna, nubarrones en el cielo, luces de barcos que cruzaban por la proa o por la popa, mar incómoda, vela mayor desplegada, el viento casi de proa pero algo apoyaba, Auxi abajo, Miguel y yo en cubierta, se suponía que despiertos pero nos dormimos, y de pronto me encuentro en un sitio rodeado por boyas rojas iluminadas, me da terror, grito, nos la damos estamos en un bajo, hay señalado un peligro, pego un salto, me tiro sobre el acelerador, pongo motor, cambio el rumbo 180 º y…me despierto, estaba con una pesadilla. Demuestra el poder creador de la imaginación, las imágenes fueron tan reales que no pude dudar y eran ilusorias…
El parasailor es una vela tipo spí, con un agujero en el centro del que sale un paracaídas. Te da velocidad y seguridad por el efecto estabilizador del agujero. La probamos un día con viento de unos diez nudos, todo en orden, izamos y de pronto el viento sube a 16 nudos, la vela se nos va, las contras y las escotas se aflojan y nos vemos arrastrados por una enorme cometa a unos diez metros del Teul. Grito, cobrar un poco , se nos va, oigo un ruido antipático en la bocina de la hélice, pienso y digo, nos hemos quedado sin hélice, se ha enredado en algo, el viento nos arrojaba a la costa, la vela no se controlaba, recuerdo el manual, me voy al palo, quito la driza y cae, que alivio….
Tercer recuerdo, salíamos alas dos de la mañana de Mallorca con dirección a la península, se nos enreda un cabo en la hélice, era noche y no teníamos linterna estanca, o sea que nada de tirarse debajo del barco , a dormir. A las ocho de la mañana del día siguiente, con luz me tiro a cortar el cabo, lo hago y libero la hélice, a la ducha con un poco de asquete, no todo el mundo va al cuarto de baño en los clubes…