El Liceu , los a dorados y los ruidos

En medio de un ruidoso público asistimos a Il Trovatore en el Liceu, era mi primera vez y tenia curiosidad con conocer el templo catalán de la música. Los dorados se notan aún demasiado nuevos y la manera tabernera de servir en los entreactos llaman la atención, la gente se atropella y se empuja para acceder al cava y al pincho. La obra es conocida, buena la dirección musical, se trata de otro culebrón verdiano salvado por la música, Luciana D´Intino en Azucena realmente magnífica y el embrollón histórico ahí queda. El XIX fué abundante en dramas de Montescos y Capuletos, de traiciones y muertes por amor, también de desconfianzas y celos. Manrico llama traidora a Eleonora y cuando ve que se muere envenenada cambia el tercio y pasa a ser un ángel, en ambos casos- con o sin envenenamiento- lo había inicialmente salvado de la muerte, ergo si se envenena es un ángel y si se iba con el Conde de Luna para salvarlo , una cretina. En fin…

El Baile, La Victoria, el buenismo progre y el cuento fantástico

Los escenarios andinos impresionantes, los actores muy buenos. Tiene los ingredientes de Robin Hood, pasado por el progresismo de hoy con pinceladas del arte y la lucha de clases. Ella es una buena bailarina, pero pobre y no tiene acceso a los medios oficiales, clasistas y excluyentes. Darín, personifica a un artista del robo que termina dando un golpe al dinero también robado de Pinochet. Y Ángel, representa al campesinado humilde, inteligente y naturalmente bueno. Trueba tiene un buen oficio y la película se deja ver, veremos qué pasa en los Oscar, aunque como dato positivo a tal efecto, se debe decir que es políticamente correcta.

El socialismo argentino, Don Alfredo Palacios y aclaración

Una corriente socialista, la que tradujo al castellano El Capital ( Juan B.Justo) en una edición hoy inencontrable, tuvo entre sus miembros a un caballero idealista, conocido por sus duelos en defensa del honor de señoras de la época, por haber impulsado la conocida Ley de la Silla , que permitía a los empleados de los comercios sentarse cuando no había clientes- hasta ese momento las jornadas de diez horas, sábados incluidos eran de pie- y por sus lúcidos pensamientos: se trata de Don Alfredo Palacios, de quién transcribimos un artículo publicado en 1924 en relación a las tierras de Palestina.

Israel en la Argentina: de ALFREDO PALACIOS.

«Toda la noche había soñado con ese pedazo de Palestina transportado a
la República donde miles de judíos, tenaces, obstinados, como todos
los de su raza, labraban la tierra y eran libres.
Al rayar el alba, monté a caballo; entre en el ancho camino bordeado
de árboles que une Palacios a Moisesville, y dos horas después
divisaba el caserío entre la arboleda frondosa que daba un aspecto
simpático al pueblo israelita. Era una mañana alegre y llena de sol,
pasaron a mi lado ancianos venerables, de largas barbas blancas,
vestidos con trajes negros, graves y severos, llevando debajo del
brazo el ritual de las oraciones, camino de la sinagoga.
Los rostros enérgicos con rasgos bien acentuados; las narices
aguileñas exteriorizaban una pasión indomable, características de una
raza que perdura y que alguien ha comparado con un amianto que ningún
fuego de amor ni de odio puede consumir. Los ojos eran profundos;
estaban llenos de luz, pero de luz de incendio: parecía el fuego
heredado de los macabeos. ¿Soñaban acaso, esos ancianos, con la
sagrada montaña de Jerusalem? ¿Creían posible reconstruír a Sion,
donde los hijos de su raza matarían el erial para que de nuevo fuera
la «tierra de trigo y cebada, de vides e higueras y ganados, tierras
de olivos, de aceites y de miel» que exalta el Deuteronomio?
Experimenté una emoción intensa. Estos judíos que pasaban a mi lado,
que respiraban a pulmón lleno en la pampa inmensa, eran iguales a los
que hace muchos siglos vivían amurallados en las ciudades de Judá.
Perseguidos por todos los pueblos, vejados, humillados, mordidos por
todas las jaurías antes de llegar a este suelo, se habían encerrado en
el guetto, convencidos de la superioridad de su raza, y habían
supervivido con la misma pasión, con el mismo fuego, con el mismo
ideal que orientaba su vida.
Acaso ese ideal se transformaría en sus hijos, al pisar por primera
vez tierra de libertad.
La santa luz del sol que eleva la presión de la sangre y alegra
nuestro espíritu inundaba Moisesville.
Un joven judío me llevó a su casa donde reinaba un ambiente de
placidez encantadora. Toda la familia rodeaba la mesa. Cuando entré,
recitaban la oración de la mañana que terminaba parodiando aquella que
pronunciaban sus abuelos en la cautividad de Babilonia: «¡Que nuestros
trigos y los trigos de nuestros enemigos no conozcan los malos
inviernos!»…
Una moza fuerte de ojos grandes y hermosos leyó en español, pero con
marcado acento ruso, en las páginas de la Historia de los judíos, el
relato de las persecuciones de que fué objeto su pueblo.
Y terminó asi: «Cerca de uno de los arcos de London Bridge, bajo del
cual camina silenciosamente la corriente hacia el mar, hay un sitio
donde las aguas se arremolinan con extraña agitación. Allá, dice la
leyenda, en días pasados y terribles, fueron arrojados varios judíos y
se ahogaron…»
Algunos creían y aún creen hoy, que el ruido y remolino de aquellas
aguas proceden de los gritos desesperados de las víctimas. Como si esa
corriente de agonía que ayudó a ocultar el crimen horrible tuviera
conciencia propia y remordimiento a través de los siglos, por haber
sido cómplice de la maldad, descubre la tortura secreta que ví
martirizándole hasta hoy…
Y la joven, con sus grandes ojos que tenían un marcado tinte de
tristeza (tristeza heredada), la honda melancolía de la raza
dispersa, que dijera Tácito – , miró por la ventana el inmensurable
campo fecundo, donde sus hermanos, llegados de la tierra de opresión,
arrastraban libres el arado, y pensó quizás que se había terminado
para ellos el desprecio, la burla, que durante veinte siglos
persiguiera su raza.»

(Del semanario El Alba, Moisesville, año 1924)

ACLARACION DE ANONIMO LECTOR

La nota de Alfredo Palacios NO se refiere a Palestina, donde él nunca estuvo. Se refiere a Moises Ville, una colonia agrícola judía situada en el norte de la Pcia Santa Fe.
Y menciona una localidad: Palacios, cuyo nombre se refiere a su tío Pedro Palacios, propietario de las tierras donde se fundó Moises Ville.

Atalanta, Casanova y Felix de Asúa

Hace escasos días que se publicó el texto completo, sin censuras, de las memorias de Don Giácomo, fueron escritas entre 1790 y 1798. El prólogo de Felix de Asúa es excelente, hay prólogos que mejoran al autor, como los de Borges en esa colección de cuentos de Siruela, los de Cansinos en las Mil y Una Noches, y el de Marias (hijo) sobre Faulkner. Las memorias abundan en citas a los clásicos, Montaigne hacia lo mismo, propio de escritores de esa época, me pregunto porque ahora dejamos de citar a los clásicos para citarlos a ellos. Hay escritores que pertenecen a una generación, otros que pasan a la siguiente. ¿Recuerdan a Cronin , a Romain Rolland, las biografias de Mourois,etc? en cambio citamos a Proust, Flaubert, Joyce, Mann, que son los que llegaron al presente, no siempre habiéndolos leído. ¿Recuerdan a Rampa? El Tercer Ojo, a Demian, El Lobo Estepario, Hesse,¿ Willhem Reich con su marxismo y psicoanálisis? cuantos homenajes al misterioso inconsciente explicaron o adornaron las seducciones de los adolescentes del siglo veinte. Giacomo seducía con simpatía y con los clásicos, ellos con Freud y la pulsión sexual, tampoco muy diferente…